Un agente de IA no se monta en una tarde. Primero hay que elegir una tarea repetitiva y bien definida, reunir los datos que necesita y decidir qué decisiones toma el agente y cuáles quedan en manos de una persona. Con esos tres puntos claros, el resto es integración y pruebas hasta que el resultado sea fiable.
Da igual si empiezas por el correo o por la facturación: el objetivo es siempre el mismo, quitar horas de trabajo manual sin perder control sobre lo que ocurre. Cuando se hace bien, el equipo lo nota en la primera semana.
A medida que la inteligencia artificial se abarata, cada vez más pymes pueden automatizar tareas que antes solo estaban al alcance de las grandes empresas.
Nos pasó igual: empezamos automatizando la entrada de facturas y en tres meses ya teníamos un agente respondiendo a los correos de clientes.